
A casi una semana del desplome que cobró más de 200 vidas en la discoteca Jet Set de Santo Domingo, un padre venezolano ha conmovido profundamente con sus primeras declaraciones públicas.
El hombre, visiblemente abatido por el doble golpe emocional, habló por primera vez tras confirmar la pérdida de sus dos hijas, Bárbara y Olían Querales, jóvenes que se encontraban entre las víctimas del colapso ocurrido el pasado 8 de abril.
En medio del dolor, el padre envió un mensaje que ha calado hondo entre quienes han seguido el caso: “Quieran a sus hijos, ámenlos, abrácenlos todos los días”, dijo entre lágrimas.
Su llamado, cargado de humanidad, no solo refleja el peso de su experiencia, sino que resuena como una advertencia sobre la fragilidad de los momentos compartidos en familia. Mientras agradecía las muestras de apoyo recibidas, reconoció que aún no ha sido posible repatriar los cuerpos de sus hijas, debido a los obstáculos legales y diplomáticos que enfrentan.
El proceso para traer de vuelta a Bárbara y Olían a su país natal ha sido lento y desgastante. Sus seres queridos, además del duelo, deben sortear una serie de gestiones que impiden cerrar este doloroso capítulo. “Necesitamos comprensión”, señaló la familia, que continúa esperando una solución por parte de las autoridades, tanto dominicanas como venezolanas.
La historia de estas hermanas ha despertado un fuerte sentimiento de solidaridad en las comunidades venezolanas dentro y fuera del país.
Ambas habían emigrado con el sueño de construir un futuro mejor, sin imaginar que serían parte de uno de los episodios más crudos en la historia reciente de la vida nocturna dominicana
