
Pocos comienzos son tan humildes como el de aquel joven odontólogo que en el año 2000 atendía pacientes en un cuartico al lado de un centro médico, donde él mismo cobraba, limpiaba y resolvía todo. Hoy, más de dos décadas después, el escenario es otro: un edificio sofisticado, con quirófanos de armonización facial, sillones inteligentes y laboratorios de alta tecnología que producen carillas dentales para artistas, políticos y deportistas.
La inversión total supera los 3.5 millones de dólares, y el enfoque de la clínica va más allá de lo técnico: ofrece una experiencia de lujo en cada detalle.
Muchos lo conocen por atender a figuras como Bulín 47 y Toxic Crow, pero él insiste en tratar a todos con la misma dignidad, sin importar el apellido. Sin embargo, lo que pocos saben es que su camino no siempre estuvo pavimentado de éxitos.
Tras la muerte de su padre, un reconocido otorrinolaringólogo, su familia cayó en una crisis profunda. Su madre, en un intento por sostener los estudios de sus hijos, vendió propiedades que terminaron en manos de una financiera fraudulenta. Pasaron de la estabilidad económica a depender de comida en cantina, y esa caída lo hizo más consciente del valor del dinero.
A lo largo del tiempo aprendió a distinguir entre el lujo pasajero y las inversiones reales. Vendió un Audi R8 y un yate tras perder más de 80 mil dólares, y desde entonces prefiere invertir en bienes raíces, con propiedades en zonas como Punta Cana, Samaná y Las Terrenas.
Su vivienda actual tiene 540 metros cuadrados, siete habitaciones con baño propio y vistas panorámicas, pero lo que más destaca es su filosofía de orden y funcionalidad. Incluso en la crianza de sus hijas se mantiene firme: les enseña a ganarse las cosas, como cuando su hija mayor quiso un carro nuevo y él respondió: “Cómprelo usted”.
Sentado en su terraza, rodeado de regalos costosos que pacientes le han dejado como muestra de agradecimiento, reflexiona sobre lo que realmente importa. Habla de respetar el dinero, de invertir en cosas que se quedan —“varilla, bloque y cemento”— y de vivir con propósito.
Lejos de la ostentación de las redes, asegura que su patrimonio fue forjado con trabajo constante durante 25 años, “sonrisa por sonrisa”, como él mismo dice. Ese es Samir Barbour Kury: un referente de esfuerzo, visión y humildad bien plantada.
