
Santiago, RD —Con la voz entrecortada por el llanto y la memoria aferrada a los recuerdos más íntimos, un hombre de 89 años despidió entre décimas y versos a su hermano, el querido Lolo, en un acto cargado de nostalgia y gratitud celebrado en el cementerio municipal de Manabao.
“Conmigo estaba mi madre y me encontraba seguro… si gritaba sentía a uno, muy preocupado por mí”, recitó con fuerza emocional el anciano, mientras sostenía un cuaderno desgastado por el tiempo, donde llevaba guardadas las palabras que alguna vez le dedicó a su madre. “Pero mi madre murió y yo quedé sin clemencia… con lágrimas no le pago aunque llore cada día”, continuó, desatando un silencio reverente entre los presentes.
Lolo fue hallado tras una intensa jornada de búsqueda. El hermano, conocido como “el abuelo Soja”, tomó el micrófono con firmeza y, entre sollozos, recitó una décima que muchos describieron como “un poema lleno de alma y despedida”. “Adiós madrecita mía que en la tierra me dejó, ahora que pienso yo en nadie tengo creencia…”, decía, como si sus palabras tejieran puentes entre el pasado y el presente.
La escena, iluminada por una luna clara que se asomaba entre las montañas de La Vega, trajo a la memoria una canción que se escuchó entre murmullos: “Era una noche, gracias que la luna, y a mi ventana una Cuba llegó… la vi tan linda, y la vi tan bella, como una estrella que rayó su luz”.
Desde hoy, los recuerdos de Lolo quedarán inmortalizados no solo en las décimas de su hermano, sino en la memoria de un pueblo que no olvida a los suyos.
